Luego me llegó lo de siempre, "¿qué estás haciendo ahora para ser feliz?" y lo estúpidos que somos los adultos cuando la vida es más sencilla y bonita cuando eres un niño. Otros vídeo-mensajes que te vapulean con el tiempo que pasas siendo un autómata y recordando que lo importante es el camino y no la meta. Eso que tanto me he cuestionado desde tu partida, ¿qué hago con mi vida, antes de que se marche repentinamente?
Y para finalizar lo que ya ha hecho que mi cabeza se vuelva del revés, la medicina energética. Algo que me enerva, me cabrea, porque me recuerda que perdiste la batalla y me retorna al y si hubieras hecho esto, o lo otro, y si hubieras hecho más hincapié en esos pensamientos de superación... y, entonces, vuelve el dolor el que nos ganó la partida, y no quiero. Porque aunque ya no estés, aunque perdiste la lucha (con muchas consecuencias para todos nosotros) quiero seguir viviendo y dando gracias de las pequeñas cosas bonitas que me rodean y sobre todo de las cosas que me enseñaste y que se han quedado en mí como una huella indeleble que sale a la superficie en infinidad de momentos.
Así que aquí estoy, tomando nota, asimilando, para intentar disfrutar del camino, retornar a la senda de la empatía y conexión con los demás, a pesar de la vulnerabilidad, y esperando que otros sí ganen la batalla gracias a la medicina tradicional, energética (voluntad, superación, etc.) y ante todo que la parte que hay de ti en mí me ayude a ello.